Cuando llega el final del verano, muchas piscinas pasan varios meses prácticamente sin utilizarse. Es fácil pensar que basta con limpiarlas, poner la cubierta y esperar hasta el año siguiente. Pero la piscina sigue necesitando cierta atención durante el invierno, aunque nadie se bañe en ella.
La clave está en entender que el agua de la piscina no deja de ser un ecosistema activo y vivo, aunque no haya nadie bañándose. Las bacterias, las algas y los procesos químicos continúan durante el invierno, solo que a menor velocidad por las temperaturas más bajas. Si el agua entra en el invierno con el equilibrio químico correcto y con una dosis adecuada de productos de invernaje, esos procesos se ralentizan hasta un punto en que el deterioro es mínimo.
Antes de cerrarla, hay que dejar el agua y la estructura en unas condiciones adecuadas. El objetivo es tenerla preparada para pasar los meses de menor uso sin que se estropee innecesariamente. Un poco de trabajo ahora puede ahorrar bastante tiempo cuando toque volver a abrirla. Por este motivo, en este artículo queremos explicarte qué hacer antes de cerrar la piscina, cómo cuidarla durante el invierno y qué revisar en primavera para recuperar el agua y poner la instalación de nuevo en funcionamiento.
El momento adecuado para hacer el cierre
La pregunta de cuándo cerrar la piscina no tiene una respuesta única porque depende de la zona geográfica y del clima local. La regla general más útil es hacerlo cuando la temperatura del agua baja de manera estable por debajo de los quince grados, porque a esa temperatura el crecimiento de algas y bacterias se ralentiza significativamente y el agua es mucho más fácil de mantener en buen estado con menos intervención.
En el norte de España, ese momento puede llegar en octubre. En el sur y en el Mediterráneo, puede retrasarse hasta noviembre o incluso diciembre en los años más cálidos. Cerrar demasiado pronto, cuando el agua todavía está caliente, significa que el invernaje tiene que trabajar contra unas condiciones más activas y puede ser menos eficaz. Cerrar demasiado tarde, cuando ya hay deterioro visible en el agua, significa empezar el invierno con un problema que se agravará.
El proceso de cierre paso a paso
Limpieza física completa antes de cualquier tratamiento químico
Antes de añadir productos al agua, lo primero es limpiarla bien. Hay que retirar las hojas y otros residuos que hayan quedado en la superficie, pasar el limpiafondos y eliminar la suciedad que se haya acumulado en las paredes y el fondo. Si hay algas visibles, también conviene eliminarlas antes de continuar.
Tiene sentido hacerlo en este orden: los restos orgánicos y la suciedad consumen parte de los productos que añadimos al agua y pueden dificultar que el tratamiento posterior funcione correctamente. Por eso, cuanto más limpia quede la piscina antes de cerrarla, más fácil será mantenerla durante el invierno.
Como explican los profesionales de Arte Spray, para esta limpieza se utilizan herramientas bastante sencillas. Una red permite retirar hojas y otros residuos flotantes antes de que terminen en el fondo; los cepillos sirven para desprender la suciedad adherida a las paredes y el suelo; y el limpiafondos ayuda a retirar los restos que ya se han depositado. En piscinas de mayor tamaño también pueden utilizarse equipos automáticos que realizan buena parte de este trabajo.
Por otro lado, el sistema de filtración tiene un papel crucial en todo el proceso. Revisarlo y dejarlo limpio antes del cierre es tan importante como limpiar el propio vaso, porque será el encargado de seguir trabajando para mantener el agua en condiciones durante el invierno.
Una vez terminada esta limpieza física, ya tiene sentido pasar al tratamiento del agua y al resto de preparativos del cierre.
Análisis y corrección del equilibrio químico
Una vez limpio el vaso, hay que analizar el agua y ajustar los parámetros antes de añadir los productos de invernaje. El pH debe estar entre 7,2 y 7,6, que es el rango óptimo para que los productos químicos funcionen correctamente. La alcalinidad total debe estar entre 80 y 120 partes por millón. La dureza cálcica debe estar entre 200 y 400 partes por millón. Si alguno de estos parámetros está fuera de rango, corregirlo antes del invernaje es fundamental.
Un pH demasiado alto hace que el cloro sea menos eficaz y favorece la formación de cal en las paredes. Un pH demasiado bajo es corrosivo para las superficies del vaso y para los equipos. Empezar el invierno con el agua equilibrada es la mejor garantía de que los productos de invernaje harán su trabajo correctamente.
Choque de cloro
Antes de añadir los productos de invernaje, se realiza un tratamiento de choque con cloro a dosis elevadas para eliminar cualquier bacteria o alga que pueda haber en el agua. Este tratamiento se hace por la tarde o noche, con la bomba en marcha para distribuirlo bien, y se deja actuar durante al menos ocho horas antes de añadir los productos de invernaje. El nivel de cloro libre después del choque debe estar por encima de 3 partes por millón.
Productos de invernaje
Los productos específicos de invernaje para piscinas están formulados para actuar durante varios meses con una sola aplicación. Generalmente incluyen un alguicida de efecto prolongado que inhibe el crecimiento de algas durante el invierno, un floculante que agrupa las partículas en suspensión para que sean recogidas por el filtro, y en algunos casos un antical que evita la formación de depósitos calcáreos en las superficies.
Se añaden con la bomba en marcha para distribuirlos uniformemente y se deja circular el agua durante varias horas antes de reducir el tiempo de filtración al mínimo invernal.
Reducción del nivel del agua
En zonas con heladas, el nivel del agua debe bajarse por debajo de los skimmers y las boquillas de impulsión para evitar que el agua que queda en esas instalaciones se congele y dañe el plástico. Dependiendo de la zona climática, esa bajada puede ser de entre veinte y treinta centímetros. En zonas sin heladas o con heladas muy ocasionales, puede mantenerse el nivel normal.
Protección de las instalaciones
Las canalizaciones que no van a usarse durante el invierno deben vaciarse y taponarse para evitar que el agua residual se congele y rompa las tuberías. En las zonas con heladas habituales, esto incluye vaciado de los tubos del sistema de filtración, las bombas y los calentadores, si los hay.
La cubierta invernal
Una buena cubierta o lona de invierno es la última línea de defensa. Mantiene las hojas y la suciedad fuera del agua, reduce la evaporación, limita la entrada de luz que favorecería el crecimiento de algas y, dependiendo del tipo, puede proporcionar cierta protección térmica que ralentiza los procesos biológicos en el agua. Las cubiertas de barras y las de seguridad tienen la ventaja adicional de impedir el acceso accidental a la piscina durante los meses de invierno, lo que es especialmente importante en familias con niños pequeños.
El mantenimiento durante el invierno
Ciertamente, el trabajo es mucho menor que durante la temporada de baño, pero conviene hacer algunas comprobaciones de vez en cuando. Unos minutos al mes pueden evitar que un pequeño desajuste termine convirtiéndose en un problema bastante más difícil de solucionar.
Revisión periódica del agua. Aunque nadie se bañe y la piscina esté cubierta, el agua sigue cambiando. La lluvia, la temperatura y la propia acción de los productos químicos pueden alterar sus condiciones. Comprobar de vez en cuando el pH y el nivel de desinfectante permite corregir pequeñas desviaciones antes de que el agua se deteriore o aparezcan algas.
Funcionamiento de la bomba. La filtración durante el invierno depende de la instalación y del clima, por lo que no existe un número de horas que sirva para todas las piscinas. En general, conviene mantener cierta circulación del agua en lugar de dejar la bomba completamente parada durante meses. En zonas donde las temperaturas pueden bajar por debajo de cero, además, hay que prestar especial atención a las indicaciones del fabricante y a las medidas de protección contra las heladas.
Revisión de la cubierta. La cubierta también necesita vigilancia. Hojas, ramas y agua de lluvia pueden acumularse sobre ella y añadir un peso considerable. Retirar periódicamente esos residuos ayuda a conservarla en buen estado y evita que terminen entrando en la piscina cuando se retire la cubierta.
Atención a las heladas. Este punto es especialmente importante en zonas frías. El agua que queda dentro de tuberías y otros elementos de la instalación puede congelarse y aumentar de volumen, provocando daños. Por eso, cuando existe riesgo de heladas, hay que seguir las recomendaciones específicas para la instalación y comprobar si es necesario mantener la circulación del agua, proteger las tuberías o vaciar determinados circuitos.
La idea es sencilla: durante el invierno la piscina necesita menos atención, pero no ninguna. Revisarla de vez en cuando permite detectar a tiempo cambios en el agua, suciedad acumulada o problemas en la instalación antes de que llegue la primavera.
La apertura de primavera: cómo volver a empezar bien
El proceso de apertura es, en muchos sentidos, el inverso del cierre. Si el cierre se ha hecho bien, la apertura es un proceso relativamente rápido. Si no, puede ser una tarea laboriosa.
Retirada de la cubierta y limpieza. Lo primero es retirar la cubierta con cuidado, limpiarla, secarla y guardarla correctamente para que esté en buen estado el año siguiente. Inmediatamente después, hay que recoger con la red todas las hojas y la suciedad que hayan podido acumularse en el agua durante el invierno.
Revisión de las instalaciones. Antes de poner el sistema de filtración en marcha, hay que revisar el estado de la bomba, los filtros y las canalizaciones. Si hay alguna pieza que haya sufrido daños durante el invierno, el momento de detectarlo es antes de poner todo en marcha.
Reposición del nivel del agua. Si el nivel bajó durante el cierre, hay que reponerlo hasta el nivel normal antes de volver a arrancar el sistema de filtración.
Análisis completo y tratamiento. Con la bomba en marcha, se toma una muestra de agua para análisis completo. Dependiendo del estado en que haya pasado el invierno, puede ser necesario un tratamiento de choque, correcciones del pH y la alcalinidad, y un tratamiento algicida si hay desarrollo visible de algas. En condiciones de buen invernaje, estos ajustes son menores y el agua puede estar en condiciones de baño en dos o tres días.
Limpieza profunda del vaso. Con el sistema de filtración funcionando y el agua en proceso de tratamiento, se hace una limpieza completa de las paredes y el fondo: cepillado de todas las superficies para desprender cualquier depósito que se haya formado durante el invierno, aspirado del fondo para recoger la suciedad desprendida, y limpieza de la línea de flotación donde suele acumularse la suciedad más visible.
El mantenimiento preventivo que alarga la vida de la piscina
Más allá del cierre de temporada y de la puesta a punto en primavera, hay algo que suele marcar una diferencia importante: no esperar a que aparezca un problema para ocuparse de la piscina. Un filtro que se limpia cuando corresponde, una bomba que se revisa y unos niveles de agua controlados con cierta regularidad pueden evitar averías y gastos innecesarios con el paso de los años.
Durante la temporada de baño, conviene prestar atención a pequeños cambios que pueden indicar que algo no funciona como debería. Una bomba que empieza a hacer más ruido de lo habitual, una pérdida de presión en el sistema de filtración, un agua que se enturbia con frecuencia o unas paredes que acumulan suciedad rápidamente son señales que merece la pena revisar. No siempre anuncian una avería importante, pero ignorarlas tampoco suele ser buena idea.
El estado del filtro también tiene mucho que ver con el esfuerzo que realiza el resto de la instalación. Cuando está demasiado sucio, el sistema tiene que trabajar en peores condiciones para mover y limpiar el agua. Mantenerlo correctamente ayuda a que la bomba y los demás componentes funcionen con menos esfuerzo.
Por eso, el mantenimiento de una piscina no debería concentrarse únicamente en septiembre y mayo. Unos minutos de atención durante el año pueden evitar intervenciones mucho más costosas después. El cierre de temporada es, además, un buen momento para revisar el conjunto de la instalación, solucionar pequeños problemas pendientes y dejar preparado todo para que la siguiente temporada empiece sin sorpresas.

