14 julio, 2021
Que la procedencia de nuestros productos sea sinónimo de calidad debe ser el objetivo industrial español

Que la procedencia de nuestros productos sea sinónimo de calidad debe ser el objetivo industrial español

Una de las claves más importantes para consolidar una economía y hacer de ella una de las más importantes del mundo es apostar por la industria. Se trata de una de las actividades económicas que tiene un mayor impacto sobre el conjunto de asuntos que determinan cuál es la posición económica de una zona en concreto. Tiene un peso relevante en todos los Productos Interiores Brutos y, además, es uno de los sectores que emplea a un mayor volumen de gente. En un país en el que la industria no sea potente, el paro sí que lo es.

Siempre se ha tendido a relacionar la actividad económica de un país como Alemania con la industria. Y la verdad es que no es para menos, porque el país teutón es el mejor ejemplo de cómo la industria y la economía están íntimamente relacionadas. Después de la Primera Guerra Mundial, Alemania se recuperó económicamente gracias a la industria, incluso aunque tenía que hacer frente a deudas millonarias ante los países vencedores de la contienda. Después de la Segunda Guerra Mundial, la situación fue bien parecida: Alemania, o al menos su parte Federal, resurgió de las cenizas gracias a la industria nacional.

En una información que vio la luz gracias al diario El Boletín, se hacía una especie de ranking en el que se clasificaban los países europeos en función del peso en el PIB que tenía la industria. Según esta noticia, el país que mejor situado está en ese sentido no es otro que Rumanía, con un 40%. Le sigue, en segunda posición, la República Checa con un 38% y cierra el podio Suecia con un 34%. Aunque Alemania no está entre los mejores ahora mismo según ese ranking, su industria es más potente que la de los tres, pero tiene menos peso en el PIB debido a que hay otros grandes sectores económicos en el país alemán.

¿Y qué es lo que está ocurriendo con la industria en España? En febrero de 2019, había cierto pesimismo con ella. El motivo es que sus datos habían reflejado una caída del 0,9%, algo que no se producía desde el año 2013. Los motivos que encontrábamos para explicar esto iban desde la tensión comercial entre China y Estados Unidos hasta los efectos, todavía desconocidos, del Brexit. Lo cierto es que, sea como sea, la industria española está lejos todavía de poder equipararse a la de los grandes países industriales de nuestro continente.

España tiene la necesidad de reforzar su sistema industrial hasta el punto de que la procedencia de nuestros productos tenga la capacidad, por sí misma, de llamar la atención. Necesitamos que un producto español en el extranjero sea sinónimo de calidad simplemente con mirar el lugar en el que ha sido producido. Esto requiere de inversiones por parte de las empresas. Y creemos que esas inversiones, poco a poco, están llegando. La más interesante la hemos encontrado en lo que se refiere a generadores industriales, cuya venta se ha multiplicado por dos en España desde 2019 según los datos obtenidos por Bonanza Motor.

Las nuevas tecnologías también marcarán la diferencia 

El dato que os hemos proporcionado en el párrafo anterior es significativo y suficiente para pensar en una mejora de la situación de las empresas industriales españolas. Sin embargo, no podemos jugar solo con una carta. Tenemos la necesidad de que la industria española invierta en varios puntos y otro de esos puntos es el que va ligado a las nuevas tecnologías. Gracias a ellas, las cadenas de producción son más ágiles, más eficientes y mucho más rentables. Y cuanta mayor rentabilidad, mayor competitividad. Eso es lo que nos hace falta y lo que necesitamos implantar en España.

Se trata de un asunto que debemos conseguir poco a poco. La inversión en nuevas tecnologías no implica mejoras siderales de un día para otro. Cuando se realiza la inversión, es indispensable que haya un tiempo de aclimatación en la empresa en el cual el personal se vaya familiarizando con las operaciones de las nuevas máquinas. Una vez superado ese proceso, poco a poco nuestros datos irán siendo parecidos a los de las grandes potencias industriales de Europa.

Para finalizar, diremos algo que nunca se puede olvidar: apostar por las nuevas tecnologías requiere de una adaptación constante a la nueva realidad en la que nos movamos. De nada sirve apostar por nuevas tecnologías ahora si dentro de un año aparece una tecnología mejor y no la adquirimos. En ese caso, las empresas de otros países que sí la consigan volverán a tener una ventaja sustancial sobre las españolas. Este sería un problema demasiado gordo y que podría acabar con la vida de nuestra entidad. Mejor, por tanto, que intentemos evitarlo a toda costa.