El principal objetivo de la gestión de las pesquerías es sostener las producciones pesqueras a lo largo del tiempo, es decir, mantener las poblaciones en unos niveles lo suficientemente elevados como para asegurar la autorenovación.
Todos los años, en el mes de diciembre, los Ministros de Pesca se reúnen en Bruselas con el objeto de fijar los límites máximos sobre el volumen de peces que pueden capturarse por los pescadores en un año, más conocidos como TAC (Total Admisible de Capturas). Los TAC son propuestos por la Comisión teniendo en cuenta las recomendaciones científicas más recientes. Este enfoque a corto plazo tiene algunos inconvenientes, ya que al tratarse de una práctica anual, se pueden producir variaciones bruscas de los volúmenes de TAC, lo que impide a los pescadores planificar sus actividades de un año para otro.
La nueva política pesquera común sigue limitando el volumen de capturas a través de los TAC, pero además, introduce planes de gestión a largo plazo, en los que se establecen objetivos para las poblaciones de peces afectadas, y cuya implantación se lleva cabo de forma gradual.
Estos planes plurianuales son de dos tipos: planes de recuperación para ayudar al restablecimiento de las poblaciones en peligro de extinción y planes de gestión para mantener a otras especies dentro de los límites biológicos de seguridad.
Se basan en el criterio de precaución para la gestión de la pesca, con el objeto de garantizar una pesca sostenible y minimizar su impacto en el medio ambiente marino.
Varían en función del estado de la población o poblaciones de peces afectadas, de las características biológicas de las especies, así como del impacto económico potencial de las medidas en dichas pesquerías.
Dependiendo de cada plan concreto se pueden aplicar además las siguientes medidas:
En caso de que fuera necesaria una actuación urgente para proteger a las poblaciones de peces o al ecosistema marino, la Comisión y los Estados miembros podrán, si se dan determinadas condiciones, tomar medidas de emergencia.